El auge de las GoPro en época de ‘selfie’

Si bien es cierto que el hecho de que todos llevemos una cámara de fotos encima no es ninguna novedad –¿Cuánto hace ya que todos vamos con smartphones con cámara en el bolsillo?– en los últimos tiempos estamos viendo como las cámaras personales están gozando de un envidiable hueco en el mercado, comparable a la aparición de aquellas primeras digitales compactas. Me refiero a aquellas cámaras pensadas para inmortalizar escenas de deporte, como muchos debéis haber adivinado, pero a la práctica usadas para sacar fotos y vídeos de todo excepto de escenas de deporte. Si cabe alguna duda al respeto sugiero una rápida búsqueda en Google sobre el precio de la empresa GoPro o la cotización de sus acciones en la bolsa americana.

Cuando reflexiono sobre estos asuntos no puedo evitar pensar en esta reciente moda consistente en tirarnos un cubo de agua por la cabeza para, acto seguido, inmortalizarlo con nuestras cámaras y compartirlo en nuestras redes sociales. Bajo la coartada de la ayuda a tal o cual asociación benéfica y la difusión de su causa, las redes sociales se nos llenan de pazguatos egocéntricos que aprovechan cualquier oportunidad, cuál mercenarios de su ego, para exaltar su narcisismo.

gopro

¿Lo que nos define es nuestro propio carácter, nuestra actitud para con la vida? ¿O buscamos definirnos a través de la mirada de los demás, mendigando atención, aprobación, más visibilidad, un sólo “like” más…? En lo personal, me siento avergonzado de mi generación. Somos débiles, profundamente débiles. ¿De no ser así, acaso necesitaríamos constantemente la mirada de los demás? ¿Necesitaríamos su perpetua aprobación? A mi no me engañan: Aparentemente felices, de puertas hacia fuera; profundamente infelices, en lo más profundo.

Antaño éramos, luego nos manifestábamos. Pienso –ergo soy–, luego existo, parafraseando a Descartes. Ahora, sin embargo, las cosas han cambiado mucho. Para poder ser, para poder existir, primero necesito manifestarme. No soy sin la mirada de los demás; no soy si no existo para los demás. Los demás –sus miradas– son los que me otorgan la bendición de existir.

Ante esta coyuntura, el auge de las Gopro y demás cámaras personales se ve como algo previsible, incluso inevitable. Una Gopro no es una cámara. Es una herramienta que me permite ser, que me permite existir. Incluso en los últimos tiempos hemos visto como nacen portales de fans, exclusivamente dedicados a las cámaras Gopro. Tal es la envergadura del asunto.

Sin la intención de intentar profundizar más en las causas de este fenómeno descrito (no estoy cualificado para ello, y ya se ha hablado vastamente al respeto, un artículo universitario interesante) es evidente que Internet juega un papel muy importante en toda esta cuestión. Sin embargo, bajo mi punto de vista, la red no es más que el medio, no la causa. Si me preguntaran por las causa yo tendería a señalar –repito, a título personal, sin ser un experto en la materia– la televisión basura, que lleva años amasando nuestras mentes y haciéndonos creer que popularidad es sinónimo de éxito y felicidad. La bazofia televisiva, bajo mi punto de vista, ha sido uno de los grandes caldos de cultivos que nos ha hecho llegar a esta situación. Es evidente que echar la culpa de un fenómeno tan complejo como éste a un solo elemento es simplista e incluso erróneo. Por supuesto, también cabría señalar otras múltiples causas, como déficits en nuestro sistema educativo, un empobrecimiento cultural notable y generalizado, un viraje hacia la cultura audiovisual simplona, etcétera.

Ahora discúlpenme, pero el botón de “Compartir este artículo en las redes sociales” me llama demasiado como para proseguir con su redacción.

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